relato erótico y libertario

Les queremos compartir este cuento escrito por compas de la plataforma encapucharte...
RENACIENDO CON ZAMBA MARISELA
El roce con la delicada seda de aquel vestido blanco impregnado de arena fría, el cual en poco tiempo iba a ser roto, rasgado y humedecido, le producía una inquietante sensación entre sus muslos. En cada paso se estremecía un poco más y su cuerpo era absorbido por un incontenible deseo de ser dominada, deseo que era respaldado por la seguridad de conocer la condición esclava y servil de aquellos hombres que le obstaculizaban el camino hacia el fondo del vagón. Se sentía intimidada pero a la vez dueña de esos hombres que nunca habían tenido derecho a nada, ni siquiera a rechazarla. Bastaba con escoger a alguno. Siguió con el contoneo de sus caderas en aquel tren atestado de gente, percibiendo el aroma que se esparcía libre desde los cuerpos de aquellos esclavos traídos de África, que terminaban la extenuante jornada del cañaduzal. Además, hoy aparte de todo habían tenido que huir, luego del incendio que amenazaba con devorar todas las propiedades blancas en el Brasil.
Era inevitable el contacto entre los cuerpos. Por las espaldas negras caían chorros de un sudor salobre mezclado con tierra, que se deslizaba por las mejillas sonrosadas de Marilyn llegando a tocar sus labios mientras su lengüita inquieta lo asimilaba con maestría. Avanzó por el pasillo del vagón hasta cuando quedó rodeada de un muro de cuerpos…

Quiso dejar su mente en blanco, trasladarla hacia aquellos paisajes alpinos, en donde a sus quince años comenzó a florecer su corazón cuando conoció a su esposo George. Este era un hombre aventurero y recio, que había sido cautivado por los relatos de los tesoros de América y después de vender todas sus propiedades se trasladó a vivir en el Brasil en donde las tierras vírgenes lo esperaban. Allí se convirtió en un reconocido comerciante de esclavos, apropiándose a fuerza de incendios y escopetas, de grandes extensiones de sabana para convertirlas en cañaduzales y de un buen número de nativos para hacerlos sus esclavos. Famosa era su crueldad hacia ellos; hambre, látigo, humillaciones, eran la paga que recibían los hijos de África y de América de parte de aquel Europeo.

Habían transcurrido tres años de haber pisado tierra Americana y aquel reconocido matrimonio naufragaba entre el alcoholismo de George y el sufrimiento de Marilyn quien a sus tempranos veinte años soportaba las golpizas de su ebrio marido, a causa de ser, según él, poca hembra, por no poderle regalar un primogénito blanco como la nieve. George la adoraba como se adora al oro, ella no era su compañera sentimental, era su mayor tesoro, era su esclava más cara. A causa del disgusto y la frustración George últimamente se ausentaba del hogar refugiándose en los placeres nocturnos que organizaban los hijos de África a las afueras de la Villa.

El día de ayer comenzó perfecto para ella. George después de una semana apareció y la llevó a la playa. Ella al mirar con atención la profundidad punzante e hiriente de sus ojos azules, se estremeció y de nuevo sintió una veta de amor en su corazón. Extendidos en la arena, se abrazaron suspirando, se besaron con pasión y creatividad, se sonrieron con sinceridad, se miraron con detalle, siendo el mar testigo de una extraña querencia que renacía sorpresiva. En las chozas atendidas por negras y negros bebieron mucha cachaza, bailaron hasta la noche y se amaron cuando quisieron. En esos momentos, entrando la noche desde la tierra brotaba un grito, que rompería ese romanticismo anglosajón, inundando con un olor a humo a todo el Brasil, y de esclavo en esclavo, se regó la noticia hasta llegar en aquella tranquila playa a los oídos del señor George.

Los esclavos habían iniciado una rebelión, todos los cultivos del Cerrado habían sido incendiados. La cólera se apoderó de George y mirando los ojos de su ingenua mujer salió a relucir en su mente la otra profunda herida que le carcomía el alma. Encegueció, el romance se transformó en infierno, y un golpe contundente en la sien de su mujer la postró en la arena medio borracha y medio inconsciente, medio confundida y medio adolorida. George se dirigió hacia sus cultivos para controlar la situación. Pero cuando llegó todo era ceniza y los esclavos habían escapado.

Cuando Marilyn retomó la conciencia se encontraba rodeada de negras y negros que danzaban y bebían como si festejasen algo. Las negras le ofrecieron bebida y ella curiosa la tomaba y seguía con la mirada aquellos bailes intrigantes y que a su juicio le resultaban escandalosos, aunque simultáneamente aparecían armonías que le reconfortaban el espíritu y excitaban el corazón. Quizás esa endemoniada percusión hizo que no sintiera dolor y que no recordara mucho de su vida reciente. Se unió al grupo, bebió y danzó, hasta que llegaron los mensajes presurosos de otros negros ordenando recoger las ropas y emprender una marcha hasta un tren en donde la subieron.

Un calor interno muy agradable tan profundo como superficial se apoderó de ella, mientras repartía miradas lascivas entre los hombres negros que atestaban el vagón. Tuvo la visión que de esos hombres brotaban llamas, y aquel vagón se transformaba en una hoguera. Efectivamente la cachaza hizo su efecto en la conciencia y en el cuerpo de Marilyn imponiéndole un exquisito ritmo libidinoso al caminar. Un incendio en sus entrañas la consumía. Nunca supo cuantas febriles caricias recibió, perdió la cuenta de las veces que fue poseída hasta desfallecer y dormir. Muchos fueron los escogidos y ella se consumió entre suspiros y jugos…

Cuentan los abuelos que Marilyn despertará de nuevo en su hogar, mientras la esclava le comentará que la rebelión será extinguida porque todos los trenes que cargarán los esclavos rebeldes serán incendiados con ellos adentro y que se necesitarán cazar más en África o en su defecto se cazarán indios. Entonces los negocios del señor George marcharán mejor que nunca y que por un tiempo estará de buen semblante y humor.

También cuentan las abuelas que el vientre de Marilyn crecerá y con ello la alegría de George quien esperará ansioso el nacimiento de su primogénito blanco como la nieve. En el parto de Marilyn, él estará presente y la negra Hipólita será la partera y será ella quien reciba entre sus brazos a una hermosa negra. George enloquecerá y con su revólver le dará tres balazos a su esposa en el vientre y él caerá al piso por un agujero en el cráneo causado por la cuarta bala. Hipólita y el resto de esclavos bautizarán a la niña como Zamba Marisela, hija de la pasión, del trabajo, del dolor, del fuego, de la caña, de la tierra, del sol y del mar, la hija de América. Cuentan que la niña crecerá y será la más hermosa mulata que se halla visto en Brasil, y en el planeta ninguna mujer le igualará el don celestial de bailar esa danza mágica que cura las heridas, alegra la vida y besa la libertad y que cada siglo renace en un abrazo de fuego y carnaval.

La ReVoLuCióN eS uNa FieStA